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Agosto 2009 PDF Imprimir E-mail

 

 

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes”. Efesios 4:11-14:

 

  1.      Se puede medir la madurez física de un niño con un metro y una balanza.
  2.      Se puede evaluar el desarrollo intelectual mediante exámenes.
  3.      Se puede medir nuestro crecimiento a la madurez, y los que están más cerca de nosotros serán los mejores jueces.

 

PABLO DECLARA LA NORMA INFALIBLE DE MEDICIÓN: “la estatura de la plenitud de Cristo”.

 

Parece una norma inalcanzable; pero ¿puede un Dios santo y perfecto tener una norma más baja?

Dijo Jesús: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48), la palabra “perfecto” nos da la meta delante de nosotros.

 

Conoceremos la madurez absoluta sólo cuando seamos como Él (1 Juan 3:2) “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

 

Pablo lo dice en Filipenses 3:12-15, “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos”.

 

Pablo niega haber alcanzado la madurez total, pero afirma el logro de una madurez relativa.

 

 

¿CÓMO PODEMOS MEDIR NUESTRO GRADO DE MADUREZ?

 

Pablo descarta el compararnos con nosotros mismos: La medida de madurez se ve cuando la "plenitud de Cristo", todas las cualidades que hacen lo que es, se ve cada vez más en nuestra vida.

 

La marca principal del desarrollo de la madurez es el crecimiento en conocer y experimentar a Dios

 

Pablo decía: “Quiero conocer a Cristo y el poder de su resurrección y la participación en sus sufrimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte" (Filipenses 3:10, NVI).

 

“El propósito principal del hombre es glorificar a Dios y deleitarse en Él para siempre”

 

En nuestra cultura actual, la pregunta principal de nuestra fe parece ser: “¿Cómo puedo estar contento y satisfecho?” Como resultado hay conversiones superficiales y dedicación mediocre. El cristiano maduro ha aprendido que la verdadera felicidad es una consecuencia de la santidad.

 

Juan Wesley dijo: “Dudo que las personas lleguen a ser completas en Cristo cuando vienen a la iglesia para disfrutar de la religión en lugar de aprender a ser santas”.


1) Cuando más santos somos, más alegres vivimos.

 

El creyente en vías de madurez deja de estar satisfecho con la "leche" de la Palabra y anhela "alimento sólido".

 

2) El creyente Maduro sabe discernir entre la verdad y el error, bien y mal.

 

Hebreos 5:14 dice: “Los que han alcanzado madurez...por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”

 

¿Cómo? Es una sensibilidad espiritual que viene de "ejercitarse", mediante dominar los principios bíblicos y la aplicación constante de ellos a las decisiones y sucesos de la vida cotidiana.

Esta virtud caracterizaba a los cristianos de Berea.

 

3) Como el Maestro, el creyente en vías de madurez prefiere servir a otros en vez de ser servido por otros.

 

Jesús dijo: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27) y “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Marcos 10:45). “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Marcos 10:43).

 

El verdadero liderazgo espiritual nace de una pasión de servir en lugar de un deseo de gobernar.

 

4) La Vida del creyente en vías de madurez será dinámica en vez de estática.

 

No está contento con leer lo superficial sino que dará la bienvenida a nuevos aspectos de la verdad que ensanchan la mente y regocijan el corazón.

 

5) El creyente maduro aceptará y no se resentirá ni rebelará en contra de las disciplinas que Dios permite que vengan a su vida.

 

Pablo pudo testificar: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11).

Cuando vienen la tragedia, la tristeza o la aflicción, no siempre resulta fácil guardar este contentamiento, pero es la única senda que lleva al consuelo y la tranquilidad de ánimo.

 

6) El Cristiano maduro estará dispuesto a aceptar responsabilidades en la obra de Dios.

 

No todos son llamados a un lugar destacado en el servicio a Dios, pero muchos pudieran hacer mucho más de lo que están haciendo si sólo respondieran al Espíritu.

 

7) El Cristiano Maduro mostrará un creciente amor por Dios y por los demás.

 

Pablo elogió esta señal de madurez: “Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Tes. 1:3). El amor engendra amor.

 

8) El cristiano maduro comunicará el conocimiento de Dios a otros creyentes, pues vivimos la vida comunitaria así como en la experiencia individual.

 

Pablo habla de llegar “a la unidad de la fe” así como a “la madurez espiritual”.

 

 

No se pueden alcanzar las alturas de la vida cristiana independientemente de los demás.

 

 
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Traducción

Biblia al Día